- Debemos junar a Camilito. Últimamente veo que anda asustado. No vaya a ser que este tramando algo. –dijo Roldan sin reducir la velocidad del vehículo y sin apartar la vista del semáforo que estaba en rojo-
- Yo también lo he notado, che. Hace un par de días que lo veo así. – agregó Bevilaqua encendiendo un cigarrillo que entregó a Roldan – Ya lo hice seguir. No quería decirte nada hasta no estar seguro, loco.- encendió otro cigarrillo para él.
- ¿Descubriste algo?
- Todavía nada importante. Solo hice que lo sigan algunas veces. Tampoco le puse un seguimiento de día y noche. Los pibes vieron que anda misterioso, que sale muy poco y que se encontró con unos tipos desconocidos en el puerto, hablaron una hora, los tipos se subieron a un auto y se mandaron a mudar. Camilo que estaba vestido con ropa deportiva corrió unos quince minutos, se subió a su auto y volvió a su casa. Pasa mucho tiempo en su casa. Cuando sale va a sitios en concreto. ¿Si queres lo hago vigilar mas?
- Sí. En algo raro anda. Vigílamelo durante una semana. – Dijo Juan Román frenando el coche en la puerta del edificio donde vive su amigo- Nos vemos mañana.
Bajó Bevi, saludó y entró fumando al edificio. Roldan, lanzó el cigarrillo por la ventanilla del auto, faltando aun más de la mitad para terminarlo. Encendió la radio y recorrió a una velocidad moderada las cinco cuadras que lo separan de su casa. Subió el auto sobre la vereda y sin apagar el motor, bajó para abrir el portón del garaje. Mientras sonaba la radio del auto de fondo, vio acercarse unas sombras por detrás. Mirando de reojo, intentaba controlar lo que podía suceder. Se giró bruscamente y tapó con su mano izquierda un fierro que venía directo a su cabeza. Con la mano derecha golpeó directamente a la nariz de su atacante quien retrocedió por la fuerza del golpe cayendo sobre el capo del auto. Por el costado se abalanzaron dos hombres más, ambos portaban en sus manos unos fierros. Uno de ellos le golpeo en su espalda haciéndolo retorcerse del dolor. Pero Roldan se lanzó sobre él, tirando al suelo y comenzó a descargarle una seguidilla de puñetazos sobre la cara, hasta que sintió otro golpe sobre su espalda. Esto no hizo detener su ataque. Pero luego una patada en las costillas lo empujó unos metros dándose con la pared de su casa en la cabeza. Como si el golpe le hubiera dado más fuerza, se levantó de un salto y su brazo volvió a soportar otro fierrazo, que con la otra mano le arrebató. Al otro atacante que venía de frente, le asestó con el fierro en la cabeza cayendo desplomado en el suelo. Al que le había quitado el fierro le dio varios golpes en la espalda mientras salía corriendo. El primer atacante que recién comenzaba a reaccionar del golpe vio a Roldan que volvía de la persecución y salió corriendo en dirección opuesta al primero. Roldan busco una 9 mm, que llevaba en la guantera del auto y disparó a la sombra del segundo, sin poder impactar. Abrió el garaje de su casa, metió de los pelos al hombre que aun permanecía inconsciente con una gran herida en el medio de la cabeza. Apagó el motor del auto. Cerró el portón. Le metió un trapo que usaba para limpiar su auto en la boca y con una cinta adhesiva le dio varias vueltas alrededor de su cabeza. Con la misma cinta le ató las manos y los pies.
Las luces de su casa se encendieron.
- Soy yo- habló Roldan casi gritando a su mujer y a sus tres hijos- Está todo bien. Me atacaron pero estoy bien. Vayan a dormir. Voy a llamar a Bevi. Tranquilos. Todo esta bien.
- Pero... Romi... – dijo su mujer desde dentro de la casa- escuché tiros...
- Todo está bien, Isabel, todo está bien. El que disparó fui yo. Y entrá ya. La puta que... Isabel. Por favor.
Roldan, abrió el baúl de auto, arrastró nuevamente a su atacante sujetándolo de los cabellos ensangrentados y lo introdujo, cuando estaba por cerrarlo, observó que aun se movía, le dio una cachetada y esté, se quejó. Cerró la puerta del baúl. Arrancó el auto y rumbeó a la casa de Bevilaqua a una velocidad considerable para no llamar la atención. Se detuvo frente al edificio de éste. Tocó el portero con un timbrazo largo, dos cortos y uno largo. Es la forma para identificarse. Rápidamente bajo Bevilaqua algo despeinado, vestido con la misma ropa que unos minutos atrás.
- Me atacaron. Tres tipos. Cuando estaba por entrar el auto al garaje. Dos escaparon y tengo uno en el baúl, todavía no está muerto. Me fui de mambo y tiré unos tiros. Creo que no me vio nadie.
- Che, loco. ¿Vos como estás?
- Bien. Me dieron unos fierrazos en el brazo, pero creo que no lo tengo quebrado.
- Listo. Toma las llaves de mi auto, andáte al bar del Gringo y pegale un telefonazo a Peralta para que caiga al bar y se tome unas birras con vos, quédense una hora como mínimo. Contále todo y guardá mi auto en tu garaje. Mañana levantate temprano y mientras paseas a tu perro fijate si hay sangre en algún lugar y busca los casquillos de la 9. Yo voy a lo del“Chupa” para que me ayude con esto, seguro que algo va a cantar. A las nueve y media te paso a buscar en tu auto. Dame tu pistola. –quitó el cargador y contó las balas que quedaban- Tenes que buscar tres casquillos. Tomá mi revolver, por la dudas. Ah... A ver si me haces caso y usas uno de esto para no tener que buscar las cosas que quedan sueltas. - No queres que vaya con vos para ver que canta este. No. Dejá. Hacé que te vea la gente. Yo me encargo.
- Yo también lo he notado, che. Hace un par de días que lo veo así. – agregó Bevilaqua encendiendo un cigarrillo que entregó a Roldan – Ya lo hice seguir. No quería decirte nada hasta no estar seguro, loco.- encendió otro cigarrillo para él.
- ¿Descubriste algo?
- Todavía nada importante. Solo hice que lo sigan algunas veces. Tampoco le puse un seguimiento de día y noche. Los pibes vieron que anda misterioso, que sale muy poco y que se encontró con unos tipos desconocidos en el puerto, hablaron una hora, los tipos se subieron a un auto y se mandaron a mudar. Camilo que estaba vestido con ropa deportiva corrió unos quince minutos, se subió a su auto y volvió a su casa. Pasa mucho tiempo en su casa. Cuando sale va a sitios en concreto. ¿Si queres lo hago vigilar mas?
- Sí. En algo raro anda. Vigílamelo durante una semana. – Dijo Juan Román frenando el coche en la puerta del edificio donde vive su amigo- Nos vemos mañana.
Bajó Bevi, saludó y entró fumando al edificio. Roldan, lanzó el cigarrillo por la ventanilla del auto, faltando aun más de la mitad para terminarlo. Encendió la radio y recorrió a una velocidad moderada las cinco cuadras que lo separan de su casa. Subió el auto sobre la vereda y sin apagar el motor, bajó para abrir el portón del garaje. Mientras sonaba la radio del auto de fondo, vio acercarse unas sombras por detrás. Mirando de reojo, intentaba controlar lo que podía suceder. Se giró bruscamente y tapó con su mano izquierda un fierro que venía directo a su cabeza. Con la mano derecha golpeó directamente a la nariz de su atacante quien retrocedió por la fuerza del golpe cayendo sobre el capo del auto. Por el costado se abalanzaron dos hombres más, ambos portaban en sus manos unos fierros. Uno de ellos le golpeo en su espalda haciéndolo retorcerse del dolor. Pero Roldan se lanzó sobre él, tirando al suelo y comenzó a descargarle una seguidilla de puñetazos sobre la cara, hasta que sintió otro golpe sobre su espalda. Esto no hizo detener su ataque. Pero luego una patada en las costillas lo empujó unos metros dándose con la pared de su casa en la cabeza. Como si el golpe le hubiera dado más fuerza, se levantó de un salto y su brazo volvió a soportar otro fierrazo, que con la otra mano le arrebató. Al otro atacante que venía de frente, le asestó con el fierro en la cabeza cayendo desplomado en el suelo. Al que le había quitado el fierro le dio varios golpes en la espalda mientras salía corriendo. El primer atacante que recién comenzaba a reaccionar del golpe vio a Roldan que volvía de la persecución y salió corriendo en dirección opuesta al primero. Roldan busco una 9 mm, que llevaba en la guantera del auto y disparó a la sombra del segundo, sin poder impactar. Abrió el garaje de su casa, metió de los pelos al hombre que aun permanecía inconsciente con una gran herida en el medio de la cabeza. Apagó el motor del auto. Cerró el portón. Le metió un trapo que usaba para limpiar su auto en la boca y con una cinta adhesiva le dio varias vueltas alrededor de su cabeza. Con la misma cinta le ató las manos y los pies.
Las luces de su casa se encendieron.
- Soy yo- habló Roldan casi gritando a su mujer y a sus tres hijos- Está todo bien. Me atacaron pero estoy bien. Vayan a dormir. Voy a llamar a Bevi. Tranquilos. Todo esta bien.
- Pero... Romi... – dijo su mujer desde dentro de la casa- escuché tiros...
- Todo está bien, Isabel, todo está bien. El que disparó fui yo. Y entrá ya. La puta que... Isabel. Por favor.
Roldan, abrió el baúl de auto, arrastró nuevamente a su atacante sujetándolo de los cabellos ensangrentados y lo introdujo, cuando estaba por cerrarlo, observó que aun se movía, le dio una cachetada y esté, se quejó. Cerró la puerta del baúl. Arrancó el auto y rumbeó a la casa de Bevilaqua a una velocidad considerable para no llamar la atención. Se detuvo frente al edificio de éste. Tocó el portero con un timbrazo largo, dos cortos y uno largo. Es la forma para identificarse. Rápidamente bajo Bevilaqua algo despeinado, vestido con la misma ropa que unos minutos atrás.
- Me atacaron. Tres tipos. Cuando estaba por entrar el auto al garaje. Dos escaparon y tengo uno en el baúl, todavía no está muerto. Me fui de mambo y tiré unos tiros. Creo que no me vio nadie.
- Che, loco. ¿Vos como estás?
- Bien. Me dieron unos fierrazos en el brazo, pero creo que no lo tengo quebrado.
- Listo. Toma las llaves de mi auto, andáte al bar del Gringo y pegale un telefonazo a Peralta para que caiga al bar y se tome unas birras con vos, quédense una hora como mínimo. Contále todo y guardá mi auto en tu garaje. Mañana levantate temprano y mientras paseas a tu perro fijate si hay sangre en algún lugar y busca los casquillos de la 9. Yo voy a lo del“Chupa” para que me ayude con esto, seguro que algo va a cantar. A las nueve y media te paso a buscar en tu auto. Dame tu pistola. –quitó el cargador y contó las balas que quedaban- Tenes que buscar tres casquillos. Tomá mi revolver, por la dudas. Ah... A ver si me haces caso y usas uno de esto para no tener que buscar las cosas que quedan sueltas. - No queres que vaya con vos para ver que canta este. No. Dejá. Hacé que te vea la gente. Yo me encargo.

1 comentarios:
hola,
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saludos
mario
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