Mientras se cocinaba un pollo a la mostaza en el horno. El anfitrión, Jacinto Peralta, Juan Román Roldan y Darío “Bebi” Bevilaqua, cocinaban un plan para quitarse del medio a Andretti. Los motivos sobraban, aunque el más importante era que el presidente se había dejado de ser imprescindible y aun así, el ritmo de vida que llevaba era insuperable, todo con la excusa de hacer política. Viajes, restoranes de lujos y cabaret eran lo cotidiano. La mayor parte del tiempo estaba ausente del gremio, encargándose de todo el nuevo equipo encabezado por Roldan.
- Hay que saber que si empezamos con esto no hay marcha atrás- dijo Jacinto.
- Si estamos acá es porque ya estamos decididos- agregó Roldan encendiendo un cigarrillo.
- Bebi. ¿Lo tanteaste al gordo y a Morato? –preguntó Jacinto-
- Están con nosotros. Creo que el correntino y Germán también. Al que lo vi muy indeciso es al gringo. Pero una vez que lo hagamos, no tengo dudas que todos harán como si nada.
- Hay que hacerlo bien. No tiene que haber sospechas de nosotros- dijo Jacinto.
- Sospechas habrá, lo que no tiene que haber son pruebas- dijo tajante Roldan.
Andretti, armó su valija y se hizo llevar al aeropuerto de Paraná con su chofer. Llegó a Buenos Aires y tomó un taxi hacia el hotel donde siempre se alojaba. Por la tarde se entrevistó con unos lideres de Asociaciones Gremiales y Mutuales. Al llegar la noche, volvió al hotel solo para bañarse y se dirigió a un cabaret de Capital Federal, acompañado de un accionista de la Financiera Luz Verde, con quien estaba tramitando ofrecer prestamos a los asociados. Salió del cabaret con un alto grado de embriaguez y se despidió del acompañante. Tomó un taxi y se dirigió al hotel, lo dejó en la puerta y llegó a su habitación. Al otro día apareció en un albergue con un tiro en la cabeza y tres en el pecho.
La policía federal intervino en el asunto. Todos lo declarantes contaron su historia. Los dirigentes gremiales. El accionista de la financiera que prefirió ocultar su identidad, las dos chicas del club nocturno con las que estuvo esa noche, el taxista que solo recordaba haber llevado a un pasajero muy borracho y el empleado del albergue. Las cámaras de dicho albergue, de muy bajo presupuesto, que tiene en la entrada, solo mostraron una mujer que traía en brazos a Andretti que estaba muy borracho.
El informe policial forense dijo que una bala entró por el centro del pecho con orificio de salida en el abdomen, con una ligera inclinación de derecha a izquierda y de arriba hacia abajo. Los otros disparos de similar recorrido. La bala que le dio el tiro de gracia entro por el ojo izquierdo sin orificio de salida. Las balan pertenecen a una 9 milímetros y fueron disparadas con silenciador.
Roldan y Bebilaqua fueron hasta Capital Federal, conocían con lujos de detalles los lugares por donde se movía Andretti. No fueron detenidos ni a la ida ni a la vuelta en el camino, ni siquiera la caminera de Gualeguaychú, que siempre se ensañan con los coches que vienen de Buenos Aires. No pagaron ningún estacionamiento, ni hoteles, comieron unos sandwiches y bebieron agua que habían llevado. Orinaron en una plaza. Roldan, se vistió y se maquilló dentro del mismo auto. Una vez que Andrettí entró al cabaret se trasladaron cerca del hotel y esperaron pacientes. Cuando Andretti bajó del taxi, fue Bebi que se acercó hasta él y lo llamó.
- Andretti. Soy yo. Bebi. Hace tres horas que llegué. Me dijo el conserje que usted había salido y estoy esperándolo. Hay un problema muy grave. Y tuve que venir personalmente para contárselo. Estoy desesperado no sé que hacer.
- Pero que pasa. Porque no me has llamado por telefono. Contame.
- Se trata de Roldan. Creo que esta planeando quedarse con el gremio.
- No puede ser. Eso es imposible. Subamos y hablamos tranquilo. No puedo demorarme. Tengo que volver o van a sospechar. Si Roldan se entera me mata.
- Subamos y hablamos tranquilo.
- Andretti. Creo que no entiende la gravedad de la situación. Quieren deshacerse de usted. Viajé seis horas y tengo otras seis para volver. No tiene que darse cuenta o me mataran a mí. Tengo el auto estacionado a dos cuadras. Tiene que volver y arreglar todo.
- Tranquilo. Tranquilo. Vení. Vamos a un bar.
- No Andretti. Me voy. – dijo Bebi mientras se daba la vuelta y caminaba a paso veloz.
Andretti lo siguió forzando la voz e intentando no gritar. Bebi se detuvo. Andretti luchaba por conversar, hasta que lo consiguió. Fueron a un bar. Bebí saco un cigarrillo que le convidó y fue hasta la barra a traer dos cervezas. Tanto el cigarrillo como la cerveza para Andretti, tenían dosis de escopolamina, un alcaloide que lo atontó y pasó a ser un blanco absolutamente vulnerable.
lunes 14 de julio de 2008
La trama
Publicado por GABRIEL PALACIO en 07:21
Etiquetas: Capítulo 5
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