sábado 21 de junio de 2008

Nacido para el gremio

Un tipo alto, de ojos llamativamente celestes que desencajan con su cara de mono, pelo corto, peinado al costado y forzudo, entró a paso fuerte a la constructora preguntando por los hermanos Espíndola.
-¿Cómo es su nombre? –dijo el capataz de la obra mientras se quitaba las migas de un sándwich de la remera.
- Soy Juan Román Roldan. Para servirle- respondió estrechándole la mano.
- A mí me dicen Pancho. Me han dejado el encargo de explicarte todo. Los jefes llegaran más tarde, pero tampoco es seguro que vengan. Así que igual te voy a mostrar donde están las cosas. ¿Vos empezás esta noche?
-Según tengo entendido sí. Ahora solo vine a hablar y todo eso.
- Vení. Seguime. Vamos a tomar unos mates a la caseta y te explico mientras.

Pancho hizo entrar a Roldan a una precaria construcción improvisada dentro de la obra, que se utilizaba para guardar las herramientas de trabajo. Dicho lugar, era una especie de galpón, en un rincón tenía dos sillas enfrentadas y separadas por una mesa que parecía haber sido encontrada en la calle por el gran deterioro que se percibía. A los costados de las sillas unos cinco pilares hasta la altura de la rodilla, utilizados por los trabajadores para sentarse. Normalmente cuando paraban para comer o en caso de lluvia mientras esperaban que pasara. El resto del sitio era un galpón propiamente dicho, con estantes en los costados, carretillas estorbando el paso, bolsa de cemento y todo los materiales imprescindibles para la construcción. Roldan mientras conversaba hacía un seguimiento con su mirada del espacio que pronto sería su lugar de trabajo.
El encargado le entregó una copia de la llave. Le precisó algunos detalles más y lo despachó diplomáticamente para continuar trabajando. Esa misma noche Roldan entró a trabajar a las ocho y salió a las seis del día siguiente. No vio a los hermanos Espíndola hasta pasada dos semanas cuando fueron a conocerlo exclusivamente para enviarle las gracias a Andretti por haberles hecho recuperar gran parte del robo de materiales. Pidiéndole además que se pasara por la administración que se encontraba en calle Malvinas Argentinas, para firmar el contrato de trabajo.

Roldan se crió en el barrio de San Agustín. Cuando terminó la escuela primaria no estaba interesado en continuar estudiando. Quería trabajar. Ingresó a la CONET. Escuela técnica donde les enseñan un oficio. Se interesó por la carpintería. Terminó los dos años estipulados. Y nunca hizo nada referido con ello. Trabajó de pintor. Trabajó de albañil y luego su hermana mayor se convirtió en una de las amantes de Andretti, cuando tuvo la oportunidad le comentó que tenía un hermano que trabajaba de changas y era de mucha confianza. Fue reclutado para llenar la lista del gremio y los primeros meses pasó desapercibido. El presidente lo puso a prueba en reiteradas ocasiones, lo importante era saber si Roldan era de confianza. Una de esas pruebas fue forzar un palea con la hermana de éste, donde incluso le dio un par de golpes. Roldan, se enteró del suceso por boca de su familia. Él siguió acudiendo a la sede, a las reuniones, hablaron, bebieron y pasaron nueve días cuando recién habló del tema con el presidente pero por iniciativa del mismo Andretti.
- Roldan. Creo que necesitamos hablar de lo ocurrido con tu hermana. Dejame explicarte...
- Discúlpeme señor Andretti- interrumpió Roldan apoyándole la mano en el hombro y mirándolo fijo a los ojos.- La vida de mi hermana es una cuestión suya. A mi no me incumbe lo que ella haga o deshaga. Usted a mi no tiene que darme explicaciones. Si ella sigue con usted. Por mas que usted le dé un par de golpes, es porque ella quiere. Yo le estoy muy agradecido por haberme metido acá, con usted, y le vuelvo a decir que la vida privada de mi hermana, es su problema.

Una vez que se le consiguió trabajo en la constructora ya que era la única forma de mantenerlo en el gremio, Andretti comenzó a pedirle algunos trabajitos. Roldan encabezó unos atracos y algunas extorsiones donde demostró su gran capacidad y valor. Andretti le encargo trabajos más delicados, en los cuales los manejó con gran criterio. En uno de ellos tuvo que aplicar la violencia, sacando a relucir su sangre fría. A partir de allí, se convirtió en uno de los ejecutores fieles de Andretti. Cada vez que Roldan intervenía era una garantía y tranquilidad de buena actuación. No dejaba rastros de errores. Pronto lo pasaron a Vocal primero y su importancia en el gremio se fue haciendo fuerte. Ante la ausencia de Andretti, las decisiones eran tomadas por el mismo Roldan. El vicepresidente era un fantoche puesto solamente en los papeles, no tomaba ninguna decisión sin consultarlo. El protagonismo de Roldan era admirable. Sus opiniones incuestionables y a pesar de semejante responsabilidad, era participe de todas las operaciones y continuaba siendo el brazo ejecutor.
Andretti aprovecho el buen desempeño de Roldan y se dedicó a la parte más política, la cual no era tarea fácil, le llevaba mucho tiempo y sobre todo muchos gastos. Debía invitar a Policías, Jueces, Diputados, etc. a cenas lujosas, regalos interesantes y sobre todo, sobres con dineros. Lo que conseguía a cambio no era muy redituable, pero si obtenía un futuro contacto cuando estuviese en apuros. Estas operaciones lo mantuvieron alejado del gremio casi un año, solo pasaba para verificar todo, se quedaba dando algunas instrucciones, prácticamente inútiles, como comentaban todos cuando se marchaba, solo se limitaba a repetir lo que se hablaba pero con un tono imperativo.
Algunos de los allegados a Roldan, lanzaron comentarios vanos sobre dejar de lado al gran Andretti. En un principio Roldan cortó tajantemente la conversación, pero luego empezó a analizarlo detenidamente. Estuvo silencioso varios días, casi no intervenía en las conversaciones, ni en las referidas al gremio, ni siquiera en las viejas dicotomías entre River y Boca o entre provinciano y porteño. De esta manera comenzó la gran trama para apartar a Andretti de la forma más violenta, o quizás la única posible según los realizadores, matándolo sin dejar rastros.