El gremio se había trasladado desde la pequeña oficina que tenía en calle Alén casi llegando a la terminal de ómnibus, a un céntrico inmueble situado en calle Belgrano. Andretti repartió las oficinas entre los de la comisión directiva y se dejó la más amplia para él, incorporando también una secretaria personal. Hizo entrevistas y eligió una interesante joven llamada Claudia Entre sus especializaciones laborales que le hicieron conseguir el puesto se puede destacar, sonriente, ojos grandes y boca carnosa, rubia platinada teñida, entre delgada y rellenita, con una gran gusto de usar minifaldas. La nueva secretaria en un principio no sabía cuál era su trabajo más que atender el teléfono.
Claudia le llevaba una especie de agenda que Andrettí normalmente no respetaba, o por falta de costumbre o porque no le gustaba que le organicen la vida. Una mañana, ni bien Andrettí llega al gremio, su secretaria le comunica que al mediodía vendrían a hablar con él unos representantes de otro gremio. En un principio Andretti, no demostró demasiado interés con esta gente. Incluso los hizo esperar veinte minutos inútilmente.
- Claudia, que pase esta gente.- dijo Andretti abriendo la puerta de su despacho y cerrándola nuevamente.
La secretaria le indicó a los dos visitantes el camino, les abrió la puerta y los presentó con sus nombres y apellidos.
- Ustedes díganme caballeros, en que los puedo ayudar. –dijo el presidente dejándose caer en el asiento que crujió al sentir los ciento diez kilos.
- Sí. Bueno. Nosotros somos de la mutual del personal de seguridad privada de Entre Ríos. Tenemos unos trescientos socios, aunque la mayoría son de Paraná, en realidad, todos son de esta ciudad. Empleados de seguridad a nivel provincial hay alrededor de dos mil, los servicios que brindamos se basan más que nada en préstamos de dinero y algunos comercios donde nuestros asociados compran luego se lo descontamos. Seré sincero y directo, Señor Andretti. Estamos pasando una grave crisis institucional y la única solución que vemos es poder fusionarnos con su Gremio y trabajar juntos.
-¿Y por qué querría fusionarme con una mutual que da pérdidas?
- Señor Andretti. –intervino el otro – es una buena mutual. No es que de pérdidas, la crisis por la que atravesamos si bien hay algo de económico, lo más grave es institucional, solo somos nosotros dos los que andamos con todo y no podemos más, el resto si bien figura en la lista, ya han renunciado “tácitamente”. Convocamos a elecciones y nadie quiere saber nada. Pero como le decía al principio, la mutual es buena, y puede dar buenos frutos. En el caso de no poder hacer algo, tendremos que disolverla y créame lo que le digo, es una lastima disolver algo que llevándose bien, dejaría buen dinero.
Andretti, les pidió que lo dejen consultar con los otros integrantes de la comisión directiva y que en una semana tendría una respuesta. Positiva o negativa, pero la tendría. Sin perder el tiempo, llamó a su grupo cercano de amigos y estudiaron la situación. Al otro día, Andretti les enviaba un contador para que revise las cuentas. Tres días después comenzaba la organización de la gran fiesta. Se publicó en algún lugar escondido, con letras pequeñas y muy confuso del periódico matutino, el llamado sus asociados, donde quedaban debidamente y legalmente convocados a una asamblea general extraordinaria.
El sábado comenzó la fiesta en el Club Peñarol. Los votantes o comensales o bebedores o mejor dicho, juerguista. Llegaban y en la entrada eran recibidos con unos vales equivalentes a vasos de vino. Que inmediatamente cambiaban en la cantina. Para comer había choripanes a discreción. El mismo Andretti, pedía disculpas por no poder atenderlos mejor debido a los tiempos difíciles que estaban atravesando. A las dos horas aproximadas del inicio de la fiesta. Andrettí, los reunió a todos en un semicírculo y empezó a vociferar el primer punto a tratar en la asamblea e inmediatamente un borracho gritó “aprobado” antes que este terminara la frase y al unísono retumbaba en todo el salón del club peñarol, “aprobado”
Andretti, intentó leer el segundo punto a tratar y otro borracho se puso de pie, levantó el vaso de vino y gritó, “aprobado este y los otros puntos”. “Aprobado” gritó el resto. Seguidamente sin dejar pausa otro participante hizo lo mismo gritando “Viva Andretti”. “Viva”. “Viva el gremio”. “Viva”. “Viva la asamblea”. “Viva”. “Viva el vino” “Viva”. “Viva Peñarol” pero de fondo se escucharon solo algunos viva, no todos eran simpatizantes de este club. El presidente del gremio, llamó a la calma, agradeciendo el apoyo incondicional que le daban, pero era necesario que escuchen los puntos antes de aprobarlos. Por lo menos así lo decía el estatuto, intentó remarcar. Pero fue interrumpido por otro“Viva el estatuto” “Viva”.
Así fue como Andretti logró modificar los estatutos y fusionarse con una mutual donde ahora se ampliaba el campo de acción y dejando las bases abiertas para poder adherir o fusionar cualquier entidad posible.
Semejante poderío conseguido fue logrado con suspicacia, Andretti controlaba sus operaciones. En las mayorías hasta personalmente, parecía que nada ni nadie lo detendría. Tenía los mejores abogados, policías y jueces comprados, matones dispuestos a todo. Nadie capaz de atreverse a enfrentarlo. Nadie. Pero como la historia a demostrado en reiteradas ocasiones, el fin de Andretti llegó desde donde menos lo esperaba, desde sus mismos protegidos.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada